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Informaciones complementarias para los viajes a Alaska Foto: Francesc Nolla, verano'09

El lejano norte es un territorio donde el hombre aún no domina la naturaleza, donde la tierra está por colonizar y los espacios son grandes, vírgenes y, en muchos casos, inaccesibles;es la última frontera del siglo XXI. Primero indios, después españoles, seguidos por rusos, ingleses y americanos, fueron colonizando esta región sin conseguir dominarla en su corta historia. Para disfrutar de la naturaleza en estado primigenio, Alaska es, aún hoy, uno de los últimos rincones del planeta, donde, sin sufrir las incomodidades del tercer mundo, se puede llevar a cabo un viaje para descubrir una de las últimas fronteras de nuestro tiempo.

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GEOGRAFÍA E HISTORIA

Foto: Francesc Nolla, verano'09

El territorio que se pretende conocer, se puede dividir en tres grandes zonas, claramente diferenciadas: la costa, con muchas precipitaciones, abundante vegetación y temperaturas relativamente suaves, llena de islas y fiordos, donde la vida salvaje es muy abundante, tanto en el mar como en la tierra. Las montañas que se encuentran en la misma costa y la separan de la planicie interior, con altitudes superiores a los 6.000 metros y con un clima de alta montaña con lagos y nieves perpetuas, que en muchos casos llegan hasta el mar en forma de glaciares o impresionantes cascadas. Finalmente, conoceremos el interior, planicies y montañas alternándose entre los valles, por los que corren grandes y fríos ríos llenos de vida salvaje en un clima más seco y bastante extremo; con temperaturas invernales inferiores a los 40 grados negativos y una vegetación a veces densa y tupida, otras veces más abierta, típicamente de tundra, y donde los incendios en verano pueden llegar a ser fenómenos naturales de dimensiones incontrolables para el hombre.
Viajando de sur a norte, cruzando los estados de British Columbia y el Yukon en Canadá, y visitando el sudeste de Alaska, se podrá descubrir el territorio a través del cual empezó a colonizarse el continente americano. No muy lejos, por un estrecho llamado de Bering -nombre de su descubridor danés (a sueldo del zar de Rusia)- pasaron, hace ya unos 40.000 años, las primeras tribus nómadas que provenían de Asia, en distintas oleadas consecutivas y aprovechando los periodos glaciales. Estos fueron los antecesores de todos los pueblos indígenas de la América precolombina. Algunas de estas tribus o sus descendientes, se instalaron en la costa oeste de Alaska y Canadá, dando origen a las, actualmente muy disminuidas, tribus de los Tlingit, llamados Klinguit, los Haidas, habitantes de las islas de la Reina Carlota y de alguna zona costera del continente, dedicados a la vida marítima; y de los Inuit, más conocidos como Esquimales, habitantes de las tierras más frías y septentrionales del continente americano.Foto: Francesc Nolla, verano'09
El hombre ha ido descubriendo y explotando los diferentes recursos naturales de esta rica región, y fue a causa de estos, que se llevó a cabo la colonización de las lejanas y desconocidas tierras del norte. Los primeros en instalarse en esta parte del mundo fueron distintas tribus esquimales y aleutianas. Combinaron pesca y caza, además de la recolección. En base a esta economía, se trataba de poblaciones dispersas, con una explotación del entorno extensiva (versus la de los occidentales, intensiva). las tribus que controlaban los territorios de pesca, principalmente por la migración del salmón, ballenas y otros animales marinos que eran su fuente de alimentación y utensilios.
Los primeros occidentales que se establecieron en estas regiones lo hacían de un modo estacional, y ligado al comercio de las pieles, primero como cazadores, más tarde como intermediarios con los esquimales. Anteriormente, los esquimales habían visto pasar expediciones de todo tipo, generalmente a la busca del famoso e inexistente paso del noroeste, que debía facilitar el paso entre los dos océanos.
Como en el resto del continente, los grupos indígenas fueron retrocediendo ante la presencia de los occidentales, principalmente debido a las enfermedades, y en alguna ocasión, ante la presión militar, léase limpieza étnica, en palabras más actuales.
Los primeros en tomar posesión de este territorio (de una forma puramente nominal) fueron los rusos, que a mediados del siglo XIX ya lo habían vendido pòr unos 8 millones de dólares a los Estados Unidos, que no sólo no lo han vendido, sino que siguen extrayendo sus recursos energéticos, tales como el petróleo.
Foto: Francesc Nolla, verano'09Es con el siglo XX, cuando llega la fiebre del oro, que miles de personas desesperadas, procedentes de Europa y Estados Unidos, ven Alaska y el lejano norte como la única salida a su pobreza, y, sin saber hacia donde se dirigían realmente, ni qué encontrarían, se embarcaron en un viaje en muchos casos sin retorno. La fiebre del oro reactiva efectivamente la vida en el norte del continente. En la costa, lugar de entrada de los buscadores de oro que se dirigían hacia el Yukon, las ciudades crecían y la vida económica empezó a moverse a gran velocidad; en unos parajes donde, pocos años atrás, solamente había indios, pescadores, leñadores y algún militar.
Antes de terminar la fiebre del oro, ya se había descubierto petróleo en el subsuelo helado del norte (el oro negro del siglo veinte) y eso reactivó definitivamente la colonización de Alaska, a pesar de las inclemencias del clima, los accidentes naturales como los volcanes, terremotos, y la lejanía de todos los centros culturales y sociales de la época. Durante la Segunda Guerra Mundial, por miedo al intento de invasión de los japoneses hacia Alaska, el ejército americano con el permiso del gobierno canadiense construyó la única carretera, la conocida Alcan o Alaska Highway, que comunica Alaska con el sur del país atravesando las vastas regiones de la Columbia Británica.
Hoy en día los esquimales y el resto de grupos aborígenes han aprendido lo suficiente del hombre blanco para poder pactar un reparto de la tierra que les garantiza supervivencia y recursos. Alaska está creciendo desde un punto de vista demográfico, paralelo a la explotación de su subsuelo.
Hacia el norte, el interior aún está despoblado, y nos encontramos territorios como el estado canadiense del Yukon, dos veces la Península Ibérica de superficie, con una población de sólo 40.000 habitantes. Aquí nos daremos cuenta de la gran cantidad de espacio virgen que existe y de cómo la naturaleza todavía marca las pautas de la vida diaria.

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