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A brasil
 
  información sobre cultura e historia de brasil  

 


GEOGRAFÍA

Brasil es el quinto país más grande del mundo; ocupa casi la mitad del continente suramericano y limita con todos sus países, a excepción de Chile y Ecuador. La mayor parte del país presenta un bajo índice de habitantes, aunque algunas regiones en las que tradicionalmente ha existido una escasa densidad de población, como la zona del Amazonas, están experimentando un crecimiento muy rápido, acompañado de la tala de árboles y del agotamiento de sus recursos.

Brasil se puede dividir en cuatro regiones geográficas. La larga y estrecha línea de la costa atlántica se caracteriza por las cordilleras costeras que se extienden entre los ríos Grande do Sul y Bahía, aunque a partir de la zona norte de Bahía el terreno se vuelve más llano. Las extensas tierras altas, conocidas con el nombre de Planalto Brasileño o meseta central, que se extienden por la mayor parte del interior sur de la cuenca del Amazonas, están salpicadas por algunas pequeñas cadenas montañosas atravesadas por varios ríos. Existen dos grandes depresiones: la cuenca del Paraguay, caracterizada por bosque abierto, bosque bajo y matorral; y la densa jungla de la cuenca del Amazonas, al sureste. Con 6.275 km de recorrido, el río Amazonas es el más largo del mundo: su selva supone el 30% de la reserva forestal mundial.

La riqueza y variedad de la fauna brasileña es asombrosa, situando al país a la cabeza del mundo en número de especies de primates, anfibios y plantas; además, es el tercero en variedades de aves y el cuarto en especies de mariposas y reptiles. Sin embargo, muchas de estas especies están en peligro de extinción, debido a la continua devastación de la selva tropical, a la desertización que afecta a la zona noreste, a la caza furtiva que sufre la zona pantanosa y a la contaminación en la zona costera.
En todo el país se producen variaciones en el índice de pluviosidad, temperatura y humedad, pero sólo en el sur de Brasil estos cambios son extremos entre estaciones. El invierno brasileño comprende el período entre junio y agosto, que es cuando los estados más fríos del sur del país soportan temperaturas de entre 13ºC y 18ºC. En Río de Janeiro el verano (de diciembre a febrero) es caluroso y húmedo, con temperaturas que alcanzan los 30ºC; el resto del año las temperaturas rondan los 25ºC. La zona costera noreste es tan calurosa como Río, pero menos húmeda y sofocante. Las tierras altas, más frescas y menos húmedas, son propensas a tormentas veraniegas. La cuenca del Amazonas es la zona más lluviosa del país y, aunque muy húmeda, las temperaturas se mantienen alrededor de los 27ºC todo el año.


HISTÒRIA

Los indios brasileños nunca desarrollaron una civilización como la inca o la maya; son pocos los restos arqueológicos que nos han legado, a excepción de algunas vasijas, montones de conchas de moluscos y esqueletos. La población india era muy variada; se estima que, cuando los portugueses llegaron al país por primera vez, había entre dos y cinco millones de habitantes en el territorio que ahora ocupa Brasil. Hoy en día quedan menos de 200.000, la mayoría de ellos refugiados en las selvas del interior de Brasil.

En el año 1500, Pedro Alvares Cabral zarpó de Lisboa rumbo a la India, pero por accidente llegó a la costa brasileña. Sin embargo, algunos historiadores defienden que éste era en realidad el destino que perseguía, y es cierto que por los términos en que informó al rey del "descubrimiento" da la sensación de que la existencia de Brasil ya era bien conocida por los marineros de la época. En 1531, el rey Juan III de Portugal envió los primeros colonos a Brasil; en 1534, temiendo la ambición de otros países europeos, dividió la costa en doce capitanías hereditarias que entregó a los amigos de la Corona. Los colonos no tardaron en descubrir que tanto la tierra como el clima eran ideales para el cultivo de la caña de azúcar y solucionaron las necesidades de mano de obra mediante la esclavización de la población india. La captura y venta de esclavos prácticamente llegó a convertirse en el negocio más lucrativo del país. Estaba controlada por los bandeirantes, procedentes de São Paulo e hijos de madres indias y padres portugueses; éstos se encargaban de capturar a los indios en el interior del país y, para mediados del siglo XVII, ya habían alcanzado las cumbres de los Andes peruanos. Sus hazañas, más que cualquier tratado que se hubiera firmado, mantuvieron seguro el interior de Suramérica para el Brasil portugués.

Durante el siglo XVII, los esclavos africanos, menos vulnerables a las enfermedades de los europeos, sustituyeron a los indios en las plantaciones. Sin embargo, los africanos se resistieron con gran fortaleza a la esclavitud. Por todo el territorio, comenzaron a surgir los llamados quilombos, comunidades de esclavos que habían huido de las plantaciones; incluían desde pequeños grupos que buscaban refugio en la selva (mocambos) hasta la gran república de Palmares, que perduró durante casi todo el siglo XVII. En la década de 1690, se descubrió oro en Minas Gerais, lo que produjo una estampida de brasileños y portugueses hacia ese territorio, arrastrando con ellos a innumerables esclavos africanos que trabajaron y murieron en las minas.

En 1807, los ejércitos de Napoleón entraban victoriosos en Lisboa. Dos días antes de la invasión, el príncipe regente portugués embarcaba rumbo a Brasil. A su llegada, estableció en Río de Janeiro la capital del Reino Unido de Portugal, Brasil y el Algarbe, convirtiendo así a Brasil en la única colonia del Nuevo Mundo sede de una monarquía europea. En 1822, el hijo del príncipe regente, encargado del gobierno de la colonia tras el regreso de su padre a Portugal, desenfundó las armas y declaró la guerra bajo el grito de ¡Independência ou morte!' (independencia o muerte). Como Portugal no disponía de las fuerzas necesarias para embarcarse en una guerra contra su mejor colonia, la independencia se consiguió sin el derramamiento de una sola gota de sangre.

Durante el siglo XIX, el azúcar, la principal exportación del país, fue sustituida por el café. Al principio, se utilizaban esclavos como mano de obra en los cafetales, pero con la abolición de la esclavitud, en 1888, se produjo la llegada de miles de inmigrantes europeos, la mayoría de ellos italianos, para trabajar en estas plantaciones, denominadas fazendas. En 1889 tuvo lugar un golpe de Estado apoyado por la aristocracia cafetera que puso fin al imperio brasileño; como consecuencia, durante los siguientes 40 años el país estuvo gobernado por militares y por presidentes civiles supervisados por las fuerzas armadas.

En 1929, la crisis económica mundial debilitó el respaldo de los aristócratas cafeteros al gobierno y se formó el partido de oposición Alianza Liberal, apoyado por militares nacionalistas. Cuando la Alianza perdió las elecciones de 1930, los militares tomaron el poder y nombraron presidente al líder liberal Getúlio Vargas. Su régimen, inspirado en el de los Estados fascistas de Mussolini y Salazar, dominó la escena política durante 30 años, hasta que, en 1954, fue obligado a dimitir. Lo sustituyó Juscelino Kubitschek, el primero de los grandes derrochadores de Brasil, que construyó Brasilia, la nueva capital, con la idea de catalizar desde allí el desarrollo del interior del país. A principios de la década de 1960, la economía fue duramente golpeada por la inflación, en parte debido a la gran inversión realizada en la construcción de la nueva capital. Esto, unido a la victoria de Castro en Cuba, que aumentó el miedo a una revolución comunista, derivó en un nuevo golpe de Estado contra la frágil democracia brasileña.

A mitad de la década de 1980, el milagro de la economía brasileña, mantenida en gran parte por los préstamos de los bancos internacionales, llegó a su fin; los militares devolvieron el poder al gobierno civil. En noviembre de 1989, se celebraron las primeras elecciones democráticas de los últimos 30 años, en las que Fernando Collor de Mello, ex campeón de kárate, derrotó por una estrecha pero segura minoría al socialista Luiz da Silva. En su programa electoral, Collor prometía luchar contra la corrupción y reducir la inflación, pero a finales de 1992 este hombre, que según George Bush le recordaba a Indiana Jones, había sido destituido de su cargo y se enfrentaba a cargos de corrupción, acusado de dirigir una organización que mediante la extorsión y el soborno había conseguido estafar más de mil millones de dólares a la economía nacional.

Tras la dimisión de Collor, en diciembre de 1992, lo sustituyó en el cargo el vicepresidente Itamar Franco, hasta que, en las elecciones de 1994, salió elegido Fernando Cardoso. Desde su llegada al gobierno, Cardoso ha conseguido reducir la inflación de manera significativa, aunque las consecuencias directas han sido la pérdida de dos millones de empleos entre los años 1989 y 1996 y los actuales problemas de la reforma agraria, considerada ahora un asunto de seguridad nacional. Según un informe de las Naciones Unidas publicado en 1996, la distribución de la riqueza en Brasil es la más desigual del mundo.
Aun así, nada impidió que Cardoso persuadiera al congreso para cambiar la constitución y conseguir un segundo mandato; ganó las elecciones por amplia mayoría en 1998 y siguió en el poder durante cuatro años más. Tras las elecciones el real tuvo que sufrir una devaluación, el preludio de un periodo de restricciones, pero en 2000 la economía empezaba a crecer una vez más. Sin embargo, crecimiento económico no significa necesariamente justicia social. Más de 50 millones de brasileños son muy pobres, y muchos de ellos están sumidos en la mayor de las miserias. Las mejoras en la educación, la reforma agraria y el bienestar tienen que hacer frente a un sistema sanitario enfermizo, la superpoblación urbana, el abandono de las tierras de cultivo y los abusos medioambientales. La corrupción está muy arraigada, a pesar de los incipientes intentos de afrontarla.Brasil tiene que avanzar un buen trecho antes de poder quitarse de encima la broma de que 'es el país del futuro y siempre lo será.
El antiguo lider sindical Luiz Ignacio Da Silva, recién elegido presidente, simboliza el nuevo estado de animo del país, sumido en numerosos problemas y consciente de la dificultad de vencerlos, pero esperanzado en conseguir mejoras.
En los primeros meses el margen de confianza de los medios de comunicación y de la población en general ha sido grande, pero ya se está reduciendo. Los próximos presupuestos generales, los primeros de la legislatura, marcarán el rumbo político de un pais necesitado de grandes transformaciones


CULTURA Y GASTRONOMIA

La cultura brasileña ha estado influenciada no sólo por los portugueses, que aportaron su religión e idioma, sino también por los indios nativos, la numerosa población africana y otros colonos procedentes de Europa, 0riente Próximo y Asia.

La música brasileña, caracterizada por su gran diversidad, ha recibido las influencias de tres continentes y continúa desarrollando formas nuevas y originales. La samba, una mezcla del bolero español con las cadencias y ritmos de la música africana, alcanzó su mayor popularidad durante los años treinta. Su máximo exponente fue, probablemente, Carmen Miranda, conocida por su fuerte temperamento y por sus tocados hechos con frutas. El estilo más melancólico de la bossa nova, influenciado por el jazz estadounidense, gozó de gran popularidad en la década de 1950, en la voz de intérpretes como João Gilberto y canciones como La chica de Ipanema. El tropicalismo es una mezcla de las influencias musicales que llegaron al país en los años sesenta y que dieron lugar a un estilo de samba más eléctrico. En los últimos años, se ha hecho popular en todo el mundo la lambada, influenciada por los ritmos caribeños.

Entre los escritores brasileños de narrativa, destaca el estilo conciso e irónico de Machado de Assis. Hijo de un liberto, Assis trabajó de cajista en una imprenta y de periodista en el Río del siglo XIX. El escritor brasileño más famoso del siglo XX es Jorge Amado, cuyos cuentos narran historias de las gentes y lugares de la Bahía.

Oficialmente, Brasil es un país católico; en la práctica, la religión del país ha incorporado otros cultos, como el animismo indio, los cultos africanos, el sincretismo afro-católico y el cardecismo, una religión espiritualista que abraza el misticismo oriental y que está ganando adeptos entre la población blanca del país.

El portugués, enriquecido con vocablos procedentes de las lenguas indias y africanas, es el idioma oficial del país, pero cada región adopta sus propios acentos, dialectos y jerga coloquial.

La base de la dieta brasileña es el arroz blanco, las judías negras y la harina de yuca, que se combinan con la ternera, el pollo o el pescado. Las especialidades culinarias del país son la moqueca, un estofado de marisco con aceite de palma y leche de coco; el caruru, una mezcla de verduras con gambas, cebolla y pimiento; y la feijoada, un estofado de judías y carne. En Bahía, se ven muchas mujeres vestidas de blanco que venden acarajé, judías trituradas, con sal y cebolla, y fritas en aceite de palma. Con esta masa, se hacen bolas que se rellenan de marisco, pasta de yuca, gambas secas, pimiento y salsa de tomate.



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